Jaime Paulino

Jaime Paulino
Jaime Paulino

Jaime Paulino

Nací en Valencia hace 31 años. Hace algún tiempo me licencié en Filosofía y cursé el Máster de Pensamiento Filosófico Contemporáneo. Como la mayoría de mi generación, me he encontrado con un mundo laboral inhóspito que nos condena a competir con nuestros iguales por las migajas de una existencia miserable y precaria. En algún momento tuve más fortuna, porque no más mérito, que otros compañeros y me concedieron una beca de investigación en la Universitat de València. Gracias a ella voy terminando mi tesis doctoral sobre la relación entre vida y política.

Entre la lectura, la escritura y la docencia he conseguido vivir durante los último años, pero nunca he retirado el cuerpo de la realidad. Lejos de los que se permiten hacer del pensamiento un fetiche inútil, yo lo entiendo como una práctica que debe estar comprometida con su momento. Mientras la experiencia cotidiana nos arrastra hasta hacernos ver normales la miseria generalizada, la exclusión social o los deshaucios, el pensamiento crítico y comprometido nos ayuda a volver a fijar las fronteras de lo intolerable.

Tal vez por eso he estado estrechamente vinculado a las experiencias políticas de mi generación: desde la transversalidad del movimiento alterglobalización a las movilizaciones estudiantiles contra la LOU y el plan Bolonia; desde la reivindicación contra la guerra de Irak, al acontecimiento 15M. Y por supuesto, a Podemos.

Motivación

El 15 de mayo de 2011 empezó a cambiar todo en este país. Por primera vez en una generación nos supimos “nosotros” y nos atrevimos a hablar. En aquellos momentos aprendimos que las vidas rotas que dejaba a su paso la barbarie neoliberal podían encontrarse y trocarse en alegría compartida. Con el 15M conquistamos la ilusión y descubrimos lo mejor de la política. Y con ello abrimos una grieta en la fachada de normalidad tras la que se escondía la indecencia política del régimen del 78.

Tres años después, el 25 de mayo de 2014, el bipartidismo obtenía menos de la mitad de los votos mientras Podemos, un movimiento político con apenas recursos y con menos de 5 meses de vida, se convertía en la cuarta fuerza política del país. El 25M la verosimilitud había cambiado de bando y entendimos que la transformación, realmente, era posible. Después de años escuchando que no podíamos supimos deshacernos de la impotencia en la que querían ahogarnos con un sonoro “¡sí se puede!”.

Ahora nos ha llegado el momento de convertir esa verosimilitud en proyecto y de asumir responsabilidades en su definición. Presento mi candidatura a la Secretaría General de Podem València para promover un proceso municipalista que vincule a Podemos con los movimientos sociales y la ciudadanía y que cambie radicalmente el semblante de esta ciudad: una ciudad que nos merecemos todos pero de la que se han apropiado unos pocos con efectos devastadores.